1) Claudia Daniela Lemunao Silva:
Aro aro aro,
qué buen grupo anime udec,
y a los que inventaron el concurso,
en tanga lo queremos ver.
2) Felipe Sibila:
Pa' las payas no me esfuerzo
Pero brindo con mi empana'
Y de algo que me esmero
Es que el Joaco me la come atravesa'.
3) Pipe Andres Perez Belmar:
Un día entré a un grupo
donde veían anime sin control
en él encontré mi familia
por eso los llevo en el corazón <3.
4) Felipe Andres:
Brindo dijo el Angelo
por el concurso que he crea'o
mientras todo el grupo piensa...
CÁLLATE ANGELO CULIAO.
5) Joaco Rodriguez:
Brindo dicen los chiquillos
por las payas que hemos tirao'
y yo les digo cabros
¡Váyanse a la mierda culiaos!
6) Isabel Gabriela Achurra Álvarez:
ARO ARO ARO!
Brindo por la borgoña
que me tiene bien antojá
pero más brindo por rojito
que me tiene terrible acumulá :c.
7) Sir'Gustav Di Phantomhive:
¡Ay! querida mia no puedo creer,
que a mi Petra hayan mata'o
pero menos puedo creer,
que Annie en titán se haya transforma'o.
e-e
8) Belén Vidal:
Brindo por la patria
la cordillera y el cobre.
Pero también brindo por uds.
marico**es PAAABRES!!!
jueves, 19 de septiembre de 2013
domingo, 15 de septiembre de 2013
I - Chillán, 13 de febrero de 2014
Índice
No tenía la menor idea de cómo podía pasar, pero aquello ocurrió. Su vida era tan tranquila y normal que no se podía convencer de nada. ¿Había sido real? Se cuestionaba una y otra vez, creyendo estar en un sueño. Un horrible sueño. Quería despertar, negar todo y volver a su vida anterior. Una vida fácil, sencilla, reiterada… entendible. Aquello era algo que no podía comprender. Tampoco podía imaginar las consecuencias de este incidente. Federico había sido tan sólo el primero.
No tenía la menor idea de cómo podía pasar, pero aquello ocurrió. Su vida era tan tranquila y normal que no se podía convencer de nada. ¿Había sido real? Se cuestionaba una y otra vez, creyendo estar en un sueño. Un horrible sueño. Quería despertar, negar todo y volver a su vida anterior. Una vida fácil, sencilla, reiterada… entendible. Aquello era algo que no podía comprender. Tampoco podía imaginar las consecuencias de este incidente. Federico había sido tan sólo el primero.
—¿Qué
mierda pasa? —Exclama
Federico desorientado y muerto de susto.
Sostiene la
cámara en su mano izquierda, una escoba en la derecha. Graba algo que no
aparece en su cámara. La grabación no registra nada anormal. Pero sus ojos
observan a lo lejos una silueta extraña. No es una persona, por cierto, tampoco
un animal. ¿Un fantasma? Aquella silueta no emitía luz, sin embargo, por alguna
extraña razón Federico sabía que se encontraba ahí. No era captada por la
cámara, sin embargo él la podía ver. Había poca luz, sin embargo sus ojos
adivinaban la silueta fácilmente. Cuando la veía no tenía forma, pero en su
mente conocía muy bien esa figura. Aquello
era algo espeluznante.
—Conchesu...
La figura extraña estaba en el patio de su casa. Federico, apoyado en la
ventada de su habitación, ubicada en el segundo piso, intentaba grabar aquello
que sus ojos no podían explicar. Aquello
se movía lentamente, dando vueltas en su patio, paseándose tranquilamente por
el pasto, sin despertar siquiera a Don Elías, el perro guardián de la casa. De
pronto nuestro hombre escuchó que en la calle, un gran bullicio se formaba.
¿Qué será ese ruido? ¿Será que en toda la calle pasa lo mismo?
Pasaje Río Bureo es una vía tranquila. Normalmente sólo se ven algunos
niños jugando sobre el cemento, un par de autos de los que allí habitan (uno de
ellos es el de Federico), y dos flaytes
amigos de los residentes, vigilando el pasaje. Precisamente esos dos personajes
—Juan y Bryan— estaban fumando mientras caminaban por el pasaje, cuando vieron una
luz que destelló en el cielo, muy cerca de ellos. De primera no reaccionaron,
pero esa luz se acercaba a ellos. Echaron a correr, pero, al voltear la vista,
lograron advertir que un objeto destellante se estrellaba en medio del pasaje,
al frente de la casa de Federico. Luego les pareció ver una silueta que corrió
desenfrenadamente y se escondió. Asustados, fueron a buscar a algunos amigos. Mientras
tanto, Federico se había asomado por la ventana, a vigilar un ruido que había
oído. Bryan y Juan llegaron acompañados de varios jóvenes, armados con bates,
palos de escobillón y algunos machetes. El objeto antes destellante era ahora
una masa incolora. Apenas podían distinguirlo. Su tamaño era similar al de un
auto. Varios vecinos espiaban desde sus ventanas.
—¡Federico!, ¿Estás ahí? —Le gritó Bryan.
—¡Silencio! ¡Hay algo extraño en el patio de mi casa!
Los jóvenes juntaron valor y entraron como tropel cuando Federico abrió
el portón que conectaba a su patio. Inmediatamente identificaron la figura que
se movía, intentando escapar, pero ellos lo siguieron. Eran más rápidos. La
silueta parecía herida. El primero que logró alcanzarlo llevaba un palo de
escobillón y lo golpeó en lo que parecía ser una extremidad. Un gas verde
comenzó a salir de la silueta, mientras iba perdiendo la forma con cada golpe
que los jóvenes le propinaron. Lo que quedó en el suelo fue un trozo
irreconocible y deforme de un material muy extraño, apenas identificable,
mientras que el gas se condensaba y caía sobre los muchachos. Muchos de ellos
quedaron manchados de un verdor espeso y musgoso.
—¿Qué chucha era esa weá?
Todos los asistentes quedan mudos unos segundos. Uno de ellos toma los
restos de la silueta. Entonces la lleva a un diario. Federico se queda
despierto toda la noche. Algunas personas se llevaron el objeto que calló del cielo
—Se dividió en varios fragmentos— a sus casas. Se rumorean muchas cosas en el
pasaje Río Bureo. Una radio toma el asunto seriamente y transmite el testimonio
de uno de los jóvenes. Otras emisoras ignoran el hecho. Algunas fotos se
filtran en internet. El diario local publica al otro día tan sólo las fotos de
una “extraña criatura”. Mientras tanto, en internet, las personas ligadas al
ocultismo se deleitan proponiendo explicaciones muy complejas. Aparece la
noticia en ChileTVisión. En algunas cadenas internacionales se difunde un video
que en internet se hace viral. A la semana pocos se acuerdan. La explicación
oficial nunca detalló nada sobre la criatura, sólo mencionó “se realizarán
investigaciones”.
Federico pasó toda esa semana recibiendo a periodistas, cazadores de
ovnis, personas ligadas a temas oscuros, curiosos, personajes de la política y
hasta un psicólogo que le ofreció “tratamiento”. Pero unas extrañas personas
estuvieron rondando todos esos días. Sacaban fotos, recorrían el lugar cada
hora, hablaban entre ellos despacio y usaban auriculares frecuentemente. Se
vestían muy formalmente, mostrando un terno color azul marino, pantalones
negros, camisa celeste, corbata azul oscura y extraños lentes polarizados. Eran
todos tan parecidos que nadie podía identificarlos. Solamente eran llamados
“hombres azules” por los pobladores. Parecían ser extranjeros, pero nadie había
podido conversar con ninguno. Aparecían repentinamente y nadie se daba cuenta
cuando se iban, ni la dirección de la que provenían. Simplemente se esfumaban.
Chillán, 21 de Febrero de 2014
Pasada la semana, poca gente venía a la casa de Federico. Entonces un
día, ningún afuerino apareció. Un hombre azul estaba mirando fijamente la
puerta de la casa de Federico, y cuando este abandonaba su hogar para ir al
trabajo, le habló, despacio pero con firmeza:
—¿Crees que exista vida fuera de nuestro planeta?
Federico volteó la vista, y si no fuera porque estaba con los minutos
justos, le hubiera respondido de otra forma. Sólo alcanzó a exclamar:
—¿Y yo qué voy a saber?
El hombre no reaccionó. Pareciera como si estuviera esperando la
respuesta. Sabía que Federico ya estaba cansado de hablar con gente todas las
mañanas antes del trabajo. Podía comprender perfectamente su reacción. Por esta
razón, no quiso detenerlo, sólo dejó que se fuera. Pero, cuando Federico abrió
la puerta de su auto, el hombre exclamó con una sonrisa en el rostro:
—Si quieres saber, no dudes en preguntarnos. Sabes quienes somos.
Federico le levantó el dedo del medio. No estaba para bromas. A él no le
gustan esas cosas. Él es un hombre que prefiere las cosas cotidianas, normales.
Las rutinas, los rituales de todos los días, son el centro de su atención.
Hasta los acontecimientos importantes de su vida no son más que reiteraciones
de eventos para nada extraordinarios: cumpleaños, juntas con sus amigos, ir a
comer fuera de casa, carretes, ir a
visitar a sus padres, viajar fuera de Chillán, a las termas o la playa… nada
fuera de lo que cualquier chillanejo haría. El hombre azul tenía la vista
extraviada en el cielo, así que no logró ver el gesto de Federico. Luego, dio
media vuelta cuando él encendió el motor de su vehículo, perdiéndose en una
caminata sin dirección.
jueves, 12 de septiembre de 2013
Una tarde en el bus a Concepción
En un viaje entre Chillán y Concepción veo muchas cosas. Es el mismo trayecto de siempre, los elementos
conocidos, pero cada vez son distintos. Árboles infinitos se mezclan con montes
que se suceden uno detrás de otro, en fila india. De vez en cuando asoma juguetón
algún hogar, una isla rodeada de un mar de tierra y vegetación. Puentes y
vallas, árboles derrumbados a un costado del camino, plantaciones, postes de
electricidad, antenas, señaléticas, canaletas de agua, piedras cortadas por
máquinas y montes perforados, me indican que no es un terreno yermo y vacío.
Hay personas. Pero no son las que se encuentran a mi lado en el bus, durmiendo,
conversando, observando el paisaje o jugueteando con su notebook. Es la esencia
del ser humano, que transforma el medio ambiente, destruyendo, construyendo,
reconstruyendo, modificando. Olvidando.
Es triste ver formaciones tan
ordenadas de plantaciones. ¡Cuánta más simetría hay en el desorden de un
bosque! Laderas que no tienen otro propósito que el de servir a intereses
empresariales, voraces, no de gente que quiere vivir, sino de gente que quiere
obtener dinero. Atravesamos un río, el Itata.
A mi derecha se encuentra la vorágine inmensa que desprende la celulosa
nueva aldea. Una verdadera ciudad en medio de la carretera. Por la noche la
humareda que desprende se vuelve desagradable: el cielo gris da una impresión
escalofriante.
En el futuro, ¿se perderá todo
para la instalación de empresas, fábricas, granjas o ciudades? Sería una
lástima perder tanto, especialmente si recordamos que el ser humano no es el
único que vive en este planeta. Hay otros animalillos, más valiosos que
nosotros. ¿Debemos simplemente dejar el planeta tranquilo e ir a instalarnos en
algún lugar donde no viva ninguna especie, digamos, en la luna, el espacio o en
el cielo? ¿O les quitaremos el planeta de forma egoísta y les confinaremos a
vivir en rincones artificiales, creados por nosotros sin otro propósito que
burlarnos de su incapacidad para cuidar lo que es suyo?
martes, 10 de septiembre de 2013
El primer paso
Nuestro vida simple
necesita un cambio,
bello, moribundo, sabio;
los cambios son irresistibles.
Subir por unas escaleras,
interminables, a veces amargas,
de esas que nos marcan,
es lo que tu vida espera.
Es un camino amargo,
a menudo nos deja perplejos.
Pero, lo más complejo
es dar el primer paso.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Desnudo frente a la vida
Todos nacemos sin nada que nos cubra. Somos frágiles, muy frágiles. Cualquier ataque nos puede causar heridas profundas. Esas heridas se pueden tapar, pero no las borraremos. Nuestras debilidades, al mismo tiempo, se pueden cubrir, pero no eliminar. Por muy fuerte que parezcamos, en el fondo, siempre, eternamente, seremos unos débiles seres, vulnerables, mortales.
Nuestro interior se quiebra a menudo. El cuerpo y la mente no son dos cosas separadas, viven juntas, cooperan y se ayudan mutuamente. Como somos débiles, nuestra mente igualmente lo es. También tenemos escudos para esto: Llámenle fuerza de voluntad, háblese de convicción, refiéranse a confianza en uno mismo, pero no dejan de ser meros escudos que disfrazan nuestra absoluta miseria.
Pero, ¿es todo esto verdad?
¿Todos son así?
Yo no soy la única frágil persona en este mundo, ¿verdad?
¿Existe gente tan frágil como yo?
¿Estaré pensando estas cosas como una forma de justificar mi debilidad?
Quizás sólo deba dejar de justificarme y aceptar, de una buena vez por todas, que soy débil, muy débil. Un ser insignificante, que se quiebra a menudo ante la primera dificultad que demuestre tener un poco de complejidad. Una persona que, en suma, en vez de hacerse cada vez más fuerte, tiende a deprimirse y a entristecerse por las adversidades. Soy débil, muy débil, y en la aceptación de mi debilidad me reafirmo en ello: me está costando más de lo habitual auto-convencerme que las aguas se calmarán.
Las cadenas de la tristeza se hacen cada vez más grandes y pesadas, atándome a un infinito sendero de melancolía. ¿Ya les he dicho que soy un llorón? Añoro la compañía de alguien. Caminar solitario por este sendero, portando esas pesadas cadenas, me es imposible. ¿Ya les he dicho que dependo demasiado de los demás? Si fuera yo y nadie más, probablemente sólo podría encerrarme en un rincón donde el tiempo no pase, para sentirme a gusto, para no tenerle miedo al futuro, para no afrontar las grandes transformaciones de la vida. ¿Ya les he dicho que no me gustan los cambios bruscos? No sé cómo logro mantener esperanzas cuando siento que me dirijo a la derrota. No. No lo sé.
Quizás sólo me tengo lástima a mí mismo. Quizás siento que debería ser más fuerte de lo que ahora soy. Creo que, pese a todo lo que he aprendido, a todo lo que he logrado, a todo lo que amo, sigo siendo un hombre que se encuentra desnudo frente a la vida.
Nuestro interior se quiebra a menudo. El cuerpo y la mente no son dos cosas separadas, viven juntas, cooperan y se ayudan mutuamente. Como somos débiles, nuestra mente igualmente lo es. También tenemos escudos para esto: Llámenle fuerza de voluntad, háblese de convicción, refiéranse a confianza en uno mismo, pero no dejan de ser meros escudos que disfrazan nuestra absoluta miseria.
Pero, ¿es todo esto verdad?
¿Todos son así?
Yo no soy la única frágil persona en este mundo, ¿verdad?
¿Existe gente tan frágil como yo?
¿Estaré pensando estas cosas como una forma de justificar mi debilidad?
Quizás sólo deba dejar de justificarme y aceptar, de una buena vez por todas, que soy débil, muy débil. Un ser insignificante, que se quiebra a menudo ante la primera dificultad que demuestre tener un poco de complejidad. Una persona que, en suma, en vez de hacerse cada vez más fuerte, tiende a deprimirse y a entristecerse por las adversidades. Soy débil, muy débil, y en la aceptación de mi debilidad me reafirmo en ello: me está costando más de lo habitual auto-convencerme que las aguas se calmarán.
Las cadenas de la tristeza se hacen cada vez más grandes y pesadas, atándome a un infinito sendero de melancolía. ¿Ya les he dicho que soy un llorón? Añoro la compañía de alguien. Caminar solitario por este sendero, portando esas pesadas cadenas, me es imposible. ¿Ya les he dicho que dependo demasiado de los demás? Si fuera yo y nadie más, probablemente sólo podría encerrarme en un rincón donde el tiempo no pase, para sentirme a gusto, para no tenerle miedo al futuro, para no afrontar las grandes transformaciones de la vida. ¿Ya les he dicho que no me gustan los cambios bruscos? No sé cómo logro mantener esperanzas cuando siento que me dirijo a la derrota. No. No lo sé.
Quizás sólo me tengo lástima a mí mismo. Quizás siento que debería ser más fuerte de lo que ahora soy. Creo que, pese a todo lo que he aprendido, a todo lo que he logrado, a todo lo que amo, sigo siendo un hombre que se encuentra desnudo frente a la vida.
martes, 3 de septiembre de 2013
Te hubiera amado
Te hubiera amado
sin miedos amargos
Si me hubieras dejado
Cual niño mimado
Entregarme a su ser amado
Entre risas y llantos
Caricias y espantos
Lamentos y abrazos
Momentos mágicos
Que te habría dado
Si te hubiera amado.
sin miedos amargos
Si me hubieras dejado
Cual niño mimado
Entregarme a su ser amado
Entre risas y llantos
Caricias y espantos
Lamentos y abrazos
Momentos mágicos
Que te habría dado
Si te hubiera amado.
La República
Tú,
dictadora de mi corazón
Me quitas la
razón
Nublas mi
visión
Monopolizas
nuestra pasión.
(Intentaste
legitimarte.
El
plebiscito ganaste)
Tú,
demócrata de lo nuestro,
Partido
oficial te siento
Yo soy la
oposición al gobierno
No votarías
por mí, ¿cierto?
(La
oposición
Ganó la
votación)
Y ahora que
perdiste la autoridad
En
anarquista te convertirás
¡No puede
ser! ¡Qué vanidad!
Nuestra
relación no me dejas dominar.
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