Todos nacemos sin nada que nos cubra. Somos frágiles, muy frágiles. Cualquier ataque nos puede causar heridas profundas. Esas heridas se pueden tapar, pero no las borraremos. Nuestras debilidades, al mismo tiempo, se pueden cubrir, pero no eliminar. Por muy fuerte que parezcamos, en el fondo, siempre, eternamente, seremos unos débiles seres, vulnerables, mortales.
Nuestro interior se quiebra a menudo. El cuerpo y la mente no son dos cosas separadas, viven juntas, cooperan y se ayudan mutuamente. Como somos débiles, nuestra mente igualmente lo es. También tenemos escudos para esto: Llámenle fuerza de voluntad, háblese de convicción, refiéranse a confianza en uno mismo, pero no dejan de ser meros escudos que disfrazan nuestra absoluta miseria.
Pero, ¿es todo esto verdad?
¿Todos son así?
Yo no soy la única frágil persona en este mundo, ¿verdad?
¿Existe gente tan frágil como yo?
¿Estaré pensando estas cosas como una forma de justificar mi debilidad?
Quizás sólo deba dejar de justificarme y aceptar, de una buena vez por todas, que soy débil, muy débil. Un ser insignificante, que se quiebra a menudo ante la primera dificultad que demuestre tener un poco de complejidad. Una persona que, en suma, en vez de hacerse cada vez más fuerte, tiende a deprimirse y a entristecerse por las adversidades. Soy débil, muy débil, y en la aceptación de mi debilidad me reafirmo en ello: me está costando más de lo habitual auto-convencerme que las aguas se calmarán.
Las cadenas de la tristeza se hacen cada vez más grandes y pesadas, atándome a un infinito sendero de melancolía. ¿Ya les he dicho que soy un llorón? Añoro la compañía de alguien. Caminar solitario por este sendero, portando esas pesadas cadenas, me es imposible. ¿Ya les he dicho que dependo demasiado de los demás? Si fuera yo y nadie más, probablemente sólo podría encerrarme en un rincón donde el tiempo no pase, para sentirme a gusto, para no tenerle miedo al futuro, para no afrontar las grandes transformaciones de la vida. ¿Ya les he dicho que no me gustan los cambios bruscos? No sé cómo logro mantener esperanzas cuando siento que me dirijo a la derrota. No. No lo sé.
Quizás sólo me tengo lástima a mí mismo. Quizás siento que debería ser más fuerte de lo que ahora soy. Creo que, pese a todo lo que he aprendido, a todo lo que he logrado, a todo lo que amo, sigo siendo un hombre que se encuentra desnudo frente a la vida.
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