domingo, 29 de septiembre de 2013

Esas ganas de escapar

Esas ganas de escapar,
a la realidad ignorar,
el tiempo sollozar,
las angustias tapar,
dejar de reírse jamás,
penurias no soportar,
para luego recordar
la existencia fatal.

Esas ganas de ir
corriendo, bailando,
sufriendo, llorando
hacia donde ti
para luego sentir,
cual niño mimado,
adicto al pecado,
que estás junto a mí.

Y yo escapo
hacia donde estés:
felicidad veré
si me quedo a tu lado.
Es un poco amargo
saber, no lo puedo creer,
que sólo ahí tendré
lo que yo he deseado:

Un lugar donde todo esté bien, un lugar habitado únicamente por nuestras mentes fugitivas, ladronas, locas, apasionadas, angustiadas, amargas, amadas, y sobre todo, unidas.



sábado, 21 de septiembre de 2013

La escritura, la musa olvidada

Toma un trozo de papel,
Acarícialo con tu piel,
Siéntelo, siente como es,
Respíralo, imagínalo, ¿qué ves?

Las ideas fluyen, brotan,
Frente a una pequeña hoja:
Es el material de la escritora,
Artesana de su literaria obra.

El papel es el recipiente,
El cuerpo que contiene
Nuestra alma hirviente
Que en tinta se convierte.

Escritores del mundo,
Hagamos un llamado mudo
A derribar los muros
Que la técnica impuso.

Arte es lo que hace falta
En lo que la gente emana.
La comunicación se mata
Si de emoción no se empapa.

viernes, 20 de septiembre de 2013

II - Concepción, 21 de febrero de 2014

Índice

Ángel estaba sentado en un sillón del living. El silencio envolvedor de esa habitación fue quebrado estrepitosamente por sus palabras.

—Abuelo, quiero conocer a seres de otros planetas, que me enseñen cosas nuevas para poder innovar y transformar el mundo. No quiero que todo siga siendo como es ahora, hay mucho que cambiar.

—Estos jóvenes de hoy y sus cosas extrañas. Sólo quieren llevarle la contra a todo.

—Estos ancianos de hoy están muy acostumbrados a las cosas que cambiaron cuando eran jóvenes, por eso hoy no anhelan el cambio: Ya lo vivieron.

—¿A quién crees que le estás hablando, chiquillo insolente?

Ángel no sabía cómo comportarse frente a los padres de su novia. Él no era capaz de comprenderlos. Ellos, tampoco podían entender a su extraño yerno. Siempre tan soñador y fantasioso, imaginativo e ingrato, descontento de todo, nada le parecía una mala opción. No lo podían soportar.

Sus continuas discrepancias con los padres de su novia eran motivo de súbitas peleas con Lucía. Un par de veces acabaron su relación solamente por aquella razón. Esta vez no sería la excepción. Después de que el padre pronunciara sus palabras, Lucía dirigió una mirada fulminante a su novio. Ángel se levantó y se fue, cerrando la puerta bruscamente, sin despedirse de nadie. Cuando llegó a la esquina, dio vuelta la vista y vio a su novia. Una fuerte discusión terminó por quebrar su frágil vínculo de amor.

Se propinaron de todo. Y aunque ambos se arrepentían luego fuertemente, ninguno fue capaz de alzar la voz. En silencio, Ángel tuvo que irse solo al terminal para volver a Chillán.

Vino gran parte del camino susurrando: “Disculpa. Por favor, discúlpame”. “Perdóname por ser tan gruñona. Te amo.” — Tecleó Lucía en su celular. Era un mensaje que enviaría a Ángel. No se atrevió a presionar “enviar”. Ángel pasó todo el trayecto esperando un mensaje de ella. No era capaz de escribir algo. Le daba vergüenza, pero al mismo tiempo, rabia. El néctar de durazno que había comprado para el trayecto le pareció amargo. Al terminar de bebérselo –a sorbetones- vertió su furia sobre el envase. Al apretarlo fuertemente, unas pequeñas gotas de líquido salieron expulsadas de la bombilla, cayendo sobre sus mejillas. Ese líquido representaba las lágrimas que era incapaz de derramar, sólo porque no quería que alguien lo viera sollozar, en silencio, solitario, con furia, con arrepentimiento.

Intentando pensar en otro tema, para calmar sus nervios y tranquilizar su corazón, miraba melancólico la ventana. Afuera, un clima torrencialmente lluvioso llenaba los vidrios con gotas de agua, gotas que luchaban por permanecer pegadas al bus; el empuje incontrolable del vehículo chocaba con el viento, arrastrando inexorablemente aquellos minúsculos bolsones acuosos. Aparte de ese espectáculo físico, poca cosa se podía ver a través de los cristales empañados. Estaba oscureciendo. Llovía por todas partes. El terreno parecía siempre tan monótono. Era la misma vista que ya conocía casi de memoria, el trayecto que seguía todas las semanas. Por esa razón, Ángel exclamaba, con su mirada perdida, que ocurriera algo nuevo, algo que lo intrigara y le erizara la piel.

Antes de llegar a la Celulosa Vieja Aldea, Ángel ya se estaba resignando a pensar que nada extraño pasaría. De pronto, una luz roja en el cielo. ¿Qué podría significar? Una vista espectacular, un destello alejado. ¿Parpadeaba? No. Se volvía más intenso. ¿Qué cosa podía ser eso? ¿Un meteorito? Otras personas que estaban en el lado derecho del bus se percataron de la escena. Otros dormían. Nadie se asustaba. Sólo cuando comenzó a escucharse, primero a lo lejos, un chillido intenso, algunos rumores aparecieron. Cuando ese sonido era tan fuerte que parecía estar por encima del bus, varios pasajeros se preguntaban en voz alta “¿Qué suena?”. “Mami, tengo miedo”, dijo una dulce voz. Ese chillido era tan fuerte que una mujer empezó a gritar desconsoladamente, hasta que un corto flash encegueció a todo el mundo. Algo había aterrizado al costado izquierdo del bus. “Un meteorito” exclamaron algunos, casi a coro.

Era un Ovni. Ángel estaba seguro. El bus no paró, muchas personas siguieron muy impacientes, preguntándole al auxiliar qué había ocurrido —Como si él pudiera tener más información—. Era eso lo que Ángel esperaba. Llegaría a su casa rápidamente para buscar en internet información sobre lo ocurrido. Sólo podía fantasear sobre la apariencia de ellos. Lamentaba no haberle pedido al chofer que se detuviera para ir a echar un vistazo. Acababa de descubrir que, después de todo, no era tan valiente.
                                                   
Chillán Viejo, 21 de Febrero de 2014.

Ángel no podía evitar pensar en aquél episodio mientras ingresaba a un Chillán Viejo inalterable, eterno. Imaginaba que ellos le permitían hacerles unas preguntas a cambio de ayuda. Ángel no lo dudaría: les preguntaría cómo la humanidad puede mejorar. Siempre había sido así, un soñador, un maldito e inútil soñador. Todo parecía indicar que no sería capaz de cumplir con su sueño, pero, este incidente le dio una nueva razón para creer que podría realizarlo: Sólo quería conocer tecnología extra-terrestre. En fin, Ángel era alguien cambiante y creativo, receptivo a un cambio tan radical como el que se produciría.

Todavía llovía cuando Ángel llega a su casa. Su corazón se sentía como el clima de la intemperie. Saludó a su familia y se dirigió a su pieza. En su notebook buscó información al respecto. Nada. Tendría que esperar, pero nada le daba confianzas. Su pieza se veía tan solitaria. Faltaba una persona. Había silencio. Faltaba la respiración de alguien. Olía extrañamente cotidiano. No había ningún olor fuera de lugar.

Ángel no quiso más que ver algo, una película quizás, o leer una novela. Se decidió por lo segundo. Tomó una bolsa de papas fritas que había comprado para compartirlo con la que hasta esta mañana era su novia. La abrió. Empezó a degustarlas. Ese sabor salado, ¿era por las lágrimas o por las frituras que llevaba continuamente a su boca?

De pronto, escuchó un sonido en el tejado. Siguió leyendo. Cuando ese sonido se repitió, empezó a preocuparte. Parecían golpes sobre su pieza, parecían exclamaciones, parecían pisadas. ¿Sería algún ladrón? Ángel se levantó. El ruido parecía más intenso, más extraño, más enigmático, más atrayente. Una especie de coro gregoriano se oía a lo lejos cuando Ángel vio que su ventana se abría, dejando entrar una ráfaga de aire, cada vez más fuerte. No entraba el viento solo, sino que también parecían hacerse presentes unos destellos pequeños, incandescentes, pero de baja intensidad. Esos destellos se movían juguetones por toda la habitación, hasta que comenzaron a unirse, tomando forma.

-¿Un… un… án… án… án… ángel?- susurraba temeroso Ángel.

Algo increíble apareció frente a sus ojos. Una criatura extraña, brillante, apenas identificable, estaba en su pieza. Ángel no podía decir si él se encontraba de pie o si levitaba. Tampoco podía decir si estaba vivo, o al contrario, sólo era una luz muerta. Pero, independiente de sus dudas, Ángel sabía que él formaba parte de ellos. Era lo que tanto ansiaba. Su corazón se sentía contento, alegre, receptivo. Ahora era otra persona; y quizás, ya no sería nunca más persona.

Nosotros y los otros

Esta novela la estoy haciendo de a poco y quiero ir compartiéndola a medida que la vaya terminando. En este post, encontrarás los links a los diferentes capítulos que la componen. ¡Espero la disfrutes al leerla tanto como yo al ver cómo va tomando forma!

ÍNDICE

jueves, 19 de septiembre de 2013

Payas Animé UdeC 2013

1) Claudia Daniela Lemunao Silva:

Aro aro aro, 
qué buen grupo anime udec, 
y a los que inventaron el concurso, 
en tanga lo queremos ver.

2) Felipe Sibila:

Pa' las payas no me esfuerzo
Pero brindo con mi empana'
Y de algo que me esmero
Es que el Joaco me la come atravesa'.

3) Pipe Andres Perez Belmar:

Un día entré a un grupo 
donde veían anime sin control
en él encontré mi familia 
por eso los llevo en el corazón  <3.

4) Felipe Andres:

Brindo dijo el Angelo 
por el concurso que he crea'o
mientras todo el grupo piensa...
CÁLLATE ANGELO CULIAO.

5) Joaco Rodriguez:

Brindo dicen los chiquillos
por las payas que hemos tirao'
y yo les digo cabros
¡Váyanse a la mierda culiaos!

6) Isabel Gabriela Achurra Álvarez:

ARO ARO ARO!
Brindo por la borgoña
que me tiene bien antojá
pero más brindo por rojito
que me tiene terrible acumulá :c.

7) Sir'Gustav Di Phantomhive:

¡Ay! querida mia no puedo creer, 
que a mi Petra hayan mata'o
pero menos puedo creer, 
que Annie en titán se haya transforma'o.
e-e

8) Belén Vidal:

Brindo por la patria
la cordillera y el cobre.
Pero también brindo por uds.
marico**es PAAABRES!!!

domingo, 15 de septiembre de 2013

I - Chillán, 13 de febrero de 2014

Índice

No tenía la menor idea de cómo podía pasar, pero aquello ocurrió. Su vida era tan tranquila y normal que no se podía convencer de nada. ¿Había sido real? Se cuestionaba una y otra vez, creyendo estar en un sueño. Un horrible sueño. Quería despertar, negar todo y volver a su vida anterior. Una vida fácil, sencilla, reiterada… entendible. Aquello era algo que no podía comprender. Tampoco podía imaginar las consecuencias de este incidente. Federico había sido tan sólo el primero.

¿Qué mierda pasa?  —Exclama Federico desorientado y muerto de susto.

Sostiene la cámara en su mano izquierda, una escoba en la derecha. Graba algo que no aparece en su cámara. La grabación no registra nada anormal. Pero sus ojos observan a lo lejos una silueta extraña. No es una persona, por cierto, tampoco un animal. ¿Un fantasma? Aquella silueta no emitía luz, sin embargo, por alguna extraña razón Federico sabía que se encontraba ahí. No era captada por la cámara, sin embargo él la podía ver. Había poca luz, sin embargo sus ojos adivinaban la silueta fácilmente. Cuando la veía no tenía forma, pero en su mente conocía muy bien esa figura. Aquello era algo espeluznante.

—Conchesu...

La figura extraña estaba en el patio de su casa. Federico, apoyado en la ventada de su habitación, ubicada en el segundo piso, intentaba grabar aquello que sus ojos no podían explicar. Aquello se movía lentamente, dando vueltas en su patio, paseándose tranquilamente por el pasto, sin despertar siquiera a Don Elías, el perro guardián de la casa. De pronto nuestro hombre escuchó que en la calle, un gran bullicio se formaba. ¿Qué será ese ruido? ¿Será que en toda la calle pasa lo mismo?

Pasaje Río Bureo es una vía tranquila. Normalmente sólo se ven algunos niños jugando sobre el cemento, un par de autos de los que allí habitan (uno de ellos es el de Federico), y dos flaytes amigos de los residentes, vigilando el pasaje. Precisamente esos dos personajes —Juan y Bryan— estaban fumando mientras caminaban por el pasaje, cuando vieron una luz que destelló en el cielo, muy cerca de ellos. De primera no reaccionaron, pero esa luz se acercaba a ellos. Echaron a correr, pero, al voltear la vista, lograron advertir que un objeto destellante se estrellaba en medio del pasaje, al frente de la casa de Federico. Luego les pareció ver una silueta que corrió desenfrenadamente y se escondió. Asustados, fueron a buscar a algunos amigos. Mientras tanto, Federico se había asomado por la ventana, a vigilar un ruido que había oído. Bryan y Juan llegaron acompañados de varios jóvenes, armados con bates, palos de escobillón y algunos machetes. El objeto antes destellante era ahora una masa incolora. Apenas podían distinguirlo. Su tamaño era similar al de un auto. Varios vecinos espiaban desde sus ventanas.

—¡Federico!, ¿Estás ahí? —Le gritó Bryan.

—¡Silencio! ¡Hay algo extraño en el patio de mi casa!

Los jóvenes juntaron valor y entraron como tropel cuando Federico abrió el portón que conectaba a su patio. Inmediatamente identificaron la figura que se movía, intentando escapar, pero ellos lo siguieron. Eran más rápidos. La silueta parecía herida. El primero que logró alcanzarlo llevaba un palo de escobillón y lo golpeó en lo que parecía ser una extremidad. Un gas verde comenzó a salir de la silueta, mientras iba perdiendo la forma con cada golpe que los jóvenes le propinaron. Lo que quedó en el suelo fue un trozo irreconocible y deforme de un material muy extraño, apenas identificable, mientras que el gas se condensaba y caía sobre los muchachos. Muchos de ellos quedaron manchados de un verdor espeso y musgoso.

—¿Qué chucha era esa weá?

Todos los asistentes quedan mudos unos segundos. Uno de ellos toma los restos de la silueta. Entonces la lleva a un diario. Federico se queda despierto toda la noche. Algunas personas se llevaron el objeto que calló del cielo —Se dividió en varios fragmentos— a sus casas. Se rumorean muchas cosas en el pasaje Río Bureo. Una radio toma el asunto seriamente y transmite el testimonio de uno de los jóvenes. Otras emisoras ignoran el hecho. Algunas fotos se filtran en internet. El diario local publica al otro día tan sólo las fotos de una “extraña criatura”. Mientras tanto, en internet, las personas ligadas al ocultismo se deleitan proponiendo explicaciones muy complejas. Aparece la noticia en ChileTVisión. En algunas cadenas internacionales se difunde un video que en internet se hace viral. A la semana pocos se acuerdan. La explicación oficial nunca detalló nada sobre la criatura, sólo mencionó “se realizarán investigaciones”.

Federico pasó toda esa semana recibiendo a periodistas, cazadores de ovnis, personas ligadas a temas oscuros, curiosos, personajes de la política y hasta un psicólogo que le ofreció “tratamiento”. Pero unas extrañas personas estuvieron rondando todos esos días. Sacaban fotos, recorrían el lugar cada hora, hablaban entre ellos despacio y usaban auriculares frecuentemente. Se vestían muy formalmente, mostrando un terno color azul marino, pantalones negros, camisa celeste, corbata azul oscura y extraños lentes polarizados. Eran todos tan parecidos que nadie podía identificarlos. Solamente eran llamados “hombres azules” por los pobladores. Parecían ser extranjeros, pero nadie había podido conversar con ninguno. Aparecían repentinamente y nadie se daba cuenta cuando se iban, ni la dirección de la que provenían. Simplemente se esfumaban.

Chillán, 21 de Febrero de 2014

Pasada la semana, poca gente venía a la casa de Federico. Entonces un día, ningún afuerino apareció. Un hombre azul estaba mirando fijamente la puerta de la casa de Federico, y cuando este abandonaba su hogar para ir al trabajo, le habló, despacio pero con firmeza:

—¿Crees que exista vida fuera de nuestro planeta?

Federico volteó la vista, y si no fuera porque estaba con los minutos justos, le hubiera respondido de otra forma. Sólo alcanzó a exclamar:

—¿Y yo qué voy a saber?

El hombre no reaccionó. Pareciera como si estuviera esperando la respuesta. Sabía que Federico ya estaba cansado de hablar con gente todas las mañanas antes del trabajo. Podía comprender perfectamente su reacción. Por esta razón, no quiso detenerlo, sólo dejó que se fuera. Pero, cuando Federico abrió la puerta de su auto, el hombre exclamó con una sonrisa en el rostro:

—Si quieres saber, no dudes en preguntarnos. Sabes quienes somos.

Federico le levantó el dedo del medio. No estaba para bromas. A él no le gustan esas cosas. Él es un hombre que prefiere las cosas cotidianas, normales. Las rutinas, los rituales de todos los días, son el centro de su atención. Hasta los acontecimientos importantes de su vida no son más que reiteraciones de eventos para nada extraordinarios: cumpleaños, juntas con sus amigos, ir a comer fuera de casa, carretes, ir a visitar a sus padres, viajar fuera de Chillán, a las termas o la playa… nada fuera de lo que cualquier chillanejo haría. El hombre azul tenía la vista extraviada en el cielo, así que no logró ver el gesto de Federico. Luego, dio media vuelta cuando él encendió el motor de su vehículo, perdiéndose en una caminata sin dirección.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Una tarde en el bus a Concepción

En un viaje entre Chillán y Concepción veo muchas cosas. Es el mismo trayecto de siempre, los elementos conocidos, pero cada vez son distintos. Árboles infinitos se mezclan con montes que se suceden uno detrás de otro, en fila india. De vez en cuando asoma juguetón algún hogar, una isla rodeada de un mar de tierra y vegetación. Puentes y vallas, árboles derrumbados a un costado del camino, plantaciones, postes de electricidad, antenas, señaléticas, canaletas de agua, piedras cortadas por máquinas y montes perforados, me indican que no es un terreno yermo y vacío. Hay personas. Pero no son las que se encuentran a mi lado en el bus, durmiendo, conversando, observando el paisaje o jugueteando con su notebook. Es la esencia del ser humano, que transforma el medio ambiente, destruyendo, construyendo, reconstruyendo, modificando. Olvidando.
Es triste ver formaciones tan ordenadas de plantaciones. ¡Cuánta más simetría hay en el desorden de un bosque! Laderas que no tienen otro propósito que el de servir a intereses empresariales, voraces, no de gente que quiere vivir, sino de gente que quiere obtener dinero. Atravesamos un río, el Itata.  A mi derecha se encuentra la vorágine inmensa que desprende la celulosa nueva aldea. Una verdadera ciudad en medio de la carretera. Por la noche la humareda que desprende se vuelve desagradable: el cielo gris da una impresión escalofriante.

En el futuro, ¿se perderá todo para la instalación de empresas, fábricas, granjas o ciudades? Sería una lástima perder tanto, especialmente si recordamos que el ser humano no es el único que vive en este planeta. Hay otros animalillos, más valiosos que nosotros. ¿Debemos simplemente dejar el planeta tranquilo e ir a instalarnos en algún lugar donde no viva ninguna especie, digamos, en la luna, el espacio o en el cielo? ¿O les quitaremos el planeta de forma egoísta y les confinaremos a vivir en rincones artificiales, creados por nosotros sin otro propósito que burlarnos de su incapacidad para cuidar lo que es suyo?

martes, 10 de septiembre de 2013

El primer paso

Nuestro vida simple
necesita un cambio, 
bello, moribundo, sabio;
los cambios son irresistibles.

Subir por unas escaleras,
interminables, a veces amargas,
de esas que nos marcan,
es lo que tu vida espera.

Es un camino amargo,
a menudo nos deja perplejos.
Pero, lo más complejo
es dar el primer paso.


miércoles, 4 de septiembre de 2013

Desnudo frente a la vida

Todos nacemos sin nada que nos cubra. Somos frágiles, muy frágiles. Cualquier ataque nos puede causar heridas profundas. Esas heridas se pueden tapar, pero no las borraremos. Nuestras debilidades, al mismo tiempo, se pueden cubrir, pero no eliminar. Por muy fuerte que parezcamos, en el fondo, siempre, eternamente, seremos unos débiles seres, vulnerables, mortales.

Nuestro interior se quiebra a menudo. El cuerpo y la mente no son dos cosas separadas, viven juntas, cooperan y se ayudan mutuamente. Como somos débiles, nuestra mente igualmente lo es. También tenemos escudos para esto: Llámenle fuerza de voluntad, háblese de convicción, refiéranse a confianza en uno mismo, pero no dejan de ser meros escudos que disfrazan nuestra absoluta miseria.

Pero, ¿es todo esto verdad?

¿Todos son así?

Yo no soy la única frágil persona en este mundo, ¿verdad?

¿Existe gente tan frágil como yo?

¿Estaré pensando estas cosas como una forma de justificar mi debilidad?

Quizás sólo deba dejar de justificarme y aceptar, de una buena vez por todas, que soy débil, muy débil. Un ser insignificante, que se quiebra a menudo ante la primera dificultad que demuestre tener un poco de complejidad. Una persona que, en suma, en vez de hacerse cada vez más fuerte, tiende a deprimirse y a entristecerse por las adversidades. Soy débil, muy débil, y en la aceptación de mi debilidad me reafirmo en ello: me está costando más de lo habitual auto-convencerme que las aguas se calmarán.

Las cadenas de la tristeza se hacen cada vez más grandes y pesadas, atándome a un infinito sendero de melancolía. ¿Ya les he dicho que soy un llorón? Añoro la compañía de alguien. Caminar solitario por este sendero, portando esas pesadas cadenas, me es imposible. ¿Ya les he dicho que dependo demasiado de los demás? Si fuera yo y nadie más, probablemente sólo podría encerrarme en un rincón donde el tiempo no pase, para sentirme a gusto, para no tenerle miedo al futuro, para no afrontar las grandes transformaciones de la vida. ¿Ya les he dicho que no me gustan los cambios bruscos? No sé cómo logro mantener esperanzas cuando siento que me dirijo a la derrota. No. No lo sé.

Quizás sólo me tengo lástima a mí mismo. Quizás siento que debería ser más fuerte de lo que ahora soy. Creo que, pese a todo lo que he aprendido, a todo lo que he logrado, a todo lo que amo, sigo siendo un hombre que se encuentra desnudo frente a la vida.

martes, 3 de septiembre de 2013

Te hubiera amado

Te hubiera amado
sin miedos amargos
Si me hubieras dejado
Cual niño mimado
Entregarme a su ser amado
Entre risas y llantos
Caricias y espantos
Lamentos y abrazos
Momentos mágicos
Que te habría dado
Si te hubiera amado.



La República

 
Tú, dictadora de mi corazón
Me quitas la razón
Nublas mi visión
Monopolizas nuestra pasión.

(Intentaste legitimarte.
El plebiscito ganaste)

Tú, demócrata de lo nuestro,
Partido oficial te siento
Yo soy la oposición al gobierno
No votarías por mí, ¿cierto?

(La oposición
Ganó la votación)

Y ahora que perdiste la autoridad
En anarquista te convertirás
¡No puede ser! ¡Qué vanidad!

Nuestra relación no me dejas dominar.